¿Qué es Río hablador?

Río Hablador recoge su denominación de la palabra quechua Rímac, nombre de uno de los caudales que hoy bañan a Lima, junto con los ríos Chillón y Lurín. Este apelativo también nos permite explicar la naturaleza de este proyecto: un discurrir ininterrumpido de historias e indagaciones, que se dispersan en ramales diversos, algunos de ellos subterráneos pero muy vivos, algunos más a punto de extinguirse. Creemos que sumergirse en este flujo es una de las formas en que podemos oír las múltiples voces de las ciudades que habitan Lima.

La Tres Veces Coronada Villa, la Ciudad de los Reyes, la ciudad del Infierno, la Villa Jardín, la horrible, la dorada, la gris, de cielo panza de burro, de cielo sin cielo. Ciudad de neblina, de garúa, virreinal, colonial, barroca, rococó, híbrida, ecléctica, caótica, asimétrica, española, indígena, mozárabe, latinoamericana, suburbana, residencial. La ciudad de mil quimeras, la ciudad de postergaciones, de barreras, de sueños inconclusos… Lima, a falta de una identidad definida, ha optado por un mecanismo sencillo, acaso el más cómodo de acuerdo con su carácter antojadizo y voluble: acumular todos los nombres, con un gusto particular que se mueve entre la gloria por el pasado señorial, y el anhelo de desarrollo y modernidad. Desde los antiguos cronistas y conquistadores hasta los escritores y cronistas contemporáneos, pasando por viajeros y artistas ilustres que visitaron Lima o la habitaron (Melville, Rugendas, Gauguin, von Humboldt, Heinrich Witt, Middendorf…), todos han tratado de dejar testimonio de su paso por esta ciudad: amor, fascinación, perplejidad, rechazo.

Ya en el siglo XX, de manera más constante, Lima, como tema, ha sido abordada y actualizada sobre todo desde las Ciencias Sociales, con la objetividad y perspectivas que este enfoque exige y el sacrificio de las historias privadas. Sebastián Salazar Bondy, en cambio, ha sido, si bien no intimista, quizá el último escritor importante de nuestra tradición en encarar, desde el ensayo literario, una reflexión seria e integral sobre la ciudad, poniendo la reflexión aguda sobre las principales problemáticas, pero bajo el lente de la prosa literaria, subgénero que permite asomarse al mundo con un vaivén que oscila entre el pensamiento racional y el asombro primigenio, el juicio crítico y la mirada personal (entre sus principales aportes figuran el concepto de Arcadia colonial y la reivindicación de la historia prehispánica de nuestra ciudad, aún muy vigentes).

Partiendo de este legado, queremos rescatar de él su vehículo principal de expresión (el ensayo/prosa literaria) para abordar las diversas problemáticas e historias de la ciudad, esto como una reacción-alternativa al predominio, en el ambiente cultural, del ensayo académico, cuyo nivel de alcance, debido a la jerga especializada y el denso aparato teórico, está circunscrito a la academia y a un puñado de iniciados. Conscientes también de las limitaciones que imponen el paso del tiempo, y de las grandes transformaciones y procesos políticos y culturales que ha sufrido la Lima de Salazar (desde su fundación oficial en 1535, Lima ha sido refundada más de una vez a partir de procesos migratorios tanto internos como de otros países), creemos necesario seguir esta senda, pero desde una mirada más amplia y contemporánea, y sobre todo colectiva.

A puertas del Bicentenario de la Independencia, creemos necesario ayudar a romper la mirada hegemónica y tradicional, hacer patente que Lima es mucho más que los núcleos turísticos que se venden y repiten hasta el cansancio: el centro histórico, Miraflores y Barranco. Lima es varias ciudades a la vez y necesita ser abarcada desde varias perspectivas. En ese sentido, y tomando con humildad que es imposible, como colectivo, mapear toda la ciudad, es necesario recurrir a colaboradores que nos ayuden a construir, pieza por pieza y desde un lugar propio, este gran mosaico que es Lima, esa geometría urbana hecha de miradas que propicia la ciudad desde sus diversas distritos, paisajes, grupos sociales, generaciones, atmósferas. Este proyecto quiere sumarse a aquellos que buscan rastrear, a partir de las múltiples experiencias de vida, qué significa vivir en Lima, los distintos modos de ser limeño. La ciudad como experiencia viva, capturada en plena ebullición, y no solo como reliquia, como ciudad perdida.

En ese sentido, a través de un registro más literario, es posible emprender un viaje por sus calles, laderas, orillas bajo una mirada articulable, que se mueva en varias direcciones: mirar hacia arriba, desde arriba, observar el exterior sin perder una lectura introspectiva, y que, a su vez, tampoco pierda su anclaje en el presente, que pueda desplazarse en el tiempo, viajando hacia el pasado y proyectando su mirada hacia el futuro. Todo andar es también un viaje interior. Es, como explica Benjamin, con su propuesta del tiempo-ahora: el tiempo no es una ruta lineal ni el relato, una suma de hechos sucesivos. Es el instante el que condensa en sí mismo un pasado y encierra su propio futuro: detenerse de golpe en alguna esquina porque un olor nos arrastra veinte años atrás andando de la mano del padre y enseguida se dispara otra flecha hacia el futuro, aún inexistente, en que podríamos ocupar ese lugar del padre en otra Lima, que ya no será la misma.

El modo de emprender nuestra tarea, como la de todo cronista, encierra una triada: caminar-mirar-escribir. El caminante se convierte en un Robinson urbano, el hombre de la multitud del que hablaba Poe. Pone el pie y el ojo en constante conversación. Es un hombre-cámara, aunque luego deforme los materiales. El simple traslado de un punto a otro se transforma en un constante deslizarse-gravitar como testigo de las transformaciones a partir de la Historia, pero también de lo cotidiano, lo “anodino”. Es extraviarse, perderse: cartografiar el espacio, caminar sin un fin utilitario, de mero desplazamiento, domesticar la mirada ordinaria para hacer visible lo invisible. En suma, se trata de hacer del caminar-mirar-escribir, más que una tarea, una operación indesligable. Poner un paso tras otro se vuelve análogo al proceso de poner una palabra tras otra sobre el papel, rescatar el andar lento, volver al ritmo primigenio de la aldea.

En la Antigüedad, solía pensarse que el ojo disparaba luz sobre las cosas. Esto ha sido refutado y, a la luz de los descubrimientos en la óptica, se sabe que la luz está sobre los objetos. Es más, los objetos no son lo que son, sino lo que significan para nosotros. Por eso, el sujeto se vuelve fundamental como constructor de una mirada sensible y, con ello, un arquitecto de su entorno. Pero para poder capturar los estímulos, el mero caminar incesante no es posible. La necesidad de detenerse es la contraparte necesaria del paseante para calibrar la realidad, pues mirar en sí mismo no es suficiente. El trayecto en el que lo óptico, lo olfativo, lo táctil están activos es un fin, pero sobre todo un medio. La mirada dispara la reflexión y esta a su vez genera un tipo de conocimiento, que en este espacio cobrará variadas formas: poesía, ensayo, relato, crónica, tal como en su momento lo hizo Huamán Poma de Ayala, acaso el más ilustre caminante peruano, quien, según Carlos Araníbar (uno de los más sesudos estudiosos de su obra), ya “anciano, desilusionado y pobre”, recorrió a pie la ruta de Lucanas a Lima con su manuscrito de casi 800 páginas en la mano con la esperanza de poder hacérselo llegar al rey de España, y que se enterase de los abusos a los que eran sometidos los indios.

Sabemos muy bien que carecemos de poder político, necesario para realizar transformaciones concretas. Sin embargo, creemos también en el poder e iniciativas de la sociedad civil de la que nos sentimos parte, y sabemos que no es una lucha solitaria. En los últimos años, se ha formado una oleada de movimientos culturales y sociales en distintos puntos de Lima, cuyo fin ha sido revalorar el sentido de la convivencia en esta ciudad. Sea a través de manifestaciones en las calles, publicaciones, trabajo de base, organización colectiva, y demás mecanismos, distintos grupos de ciudadanos han demostrado su interés en el destino de Lima. Esto ha ocurrido a partir del conocimiento de su historia, de la defensa de su patrimonio, de la recuperación de espacios, de la conservación de memoria colectiva, de la construcción de un lugar común, en fin, de múltiples modos. En esta tarea no puede faltar la participación de la escritura, tanto para registrar como para reflexionar este rincón que compartimos. Este espacio se debe a Lima, la ciudad que nos hizo, pero también acaso la ciudad que moldeamos con cada paso, cada texto, cada extravío en sus páginas y esquinas. En esa línea, no podemos dejar de reconocer la contribución inmensa (literaria, cultural y de gestión) de Sebastián Salazar Bondy, sin cuya contribución a forjar las bases y estímulo a la distancia, este proyecto no hubiera nacido. Sebastián nos dejó un 4 de julio de 1965 y, con ello, quedó inconclusa una obra cuya proyección no podremos conocer. Hoy, que se conmemoran 54 años de su muerte, queremos rendirle homenaje, retomando el camino trazado por él, el de la escritura, nuestra principal y modesta trinchera. 

Lima, 4 de julio de 2019

Equipo Río Hablador