La melodía de Lima

Lima Centro fue por 19 años una completa extraña para mí. No la conocía más que a través de los vidrios de vehículos en lo que atravesaba las calles, sobre todo en aquellos pequeños ratos en los que no me escondía de lo que para mis ojos era una muy caótica pero interesante y adictiva tempestad. Una relación tóxica visual. Escuchar música también evitaba que le hiciera demasiado caso a aquella extraña ciudad que me gritaba agresivamente desde el otro lado del vidrio. Lo que mis audífonos no lograban filtrar terminaba haciendo que me duerma del malestar. Una Lima que cansa a través del cristal era lo que para mí representaba mi paso por ella en cuatro ruedas. Una Lima que, aún polarizada a mis sentidos, insistía demasiado en hacerse sentir. Siempre me pregunté si todo eso era lo que a la gente le agradaba de una ciudad como esta, si tal vez eso era lo que les gustaba de recorrerla. Lo que no entendía era por qué seguían tan tranquilos, tan relajados, alegres y llenos de energía. Definitivamente, ese no era mi caso. Jamás lo fue y sospechaba que jamás lo sería. Unos años más tarde, un experto psicólogo me aclararía el motivo: soy una persona que se encuentra dentro del espectro autista.

Se acercaba el momento de enfrentar a Lima Centro cara a cara, como todo el mundo, y ya no a través de una luna. Así sucedió. No podré describir con integridad o exactitud mi primera experiencia de Lima, porque es mucho más compleja de lo que podría decir con palabras, pero será, al menos, una aproximación.

Salí una noche a ver a un amigo con el fin de empezar a conocer otros lugares que no sean solo la ruta de mi casa a la universidad o alrededores. Hasta ese momento, no salía de casa por razones que más tarde se descubrió que eran sensoriales y, claro, por falta de amigos y entendimiento del mundo neurotípico (grupo no autista). Vivir casi toda tu vida creyendo que lo que sientes, piensas y percibes es exactamente igual al resto (cuando no es el caso) puede traerte serios problemas.

Tomé el Metropolitano rumbo a estación Central cuando, hasta ese momento, solo lo había tomado hasta estación Canadá. Las situaciones nuevas, a las personas que estamos dentro del espectro autista, siempre generan que automáticamente nuestro cerebro se estrese, se angustie o se ponga muy ansioso, lo que puede desencadenar sobrecargas, crisis o colapsos sensoriales que pueden terminar siendo perjudiciales. Con esto, quiero decir que, por ese lado, la Lima caótica que todos conocemos ya me mantenía en un estado constante de ansiedad y estrés, y problemas de salud como consecuencia de todo ello. Es ese uno de los muchos motivos por los que evito salir. 

El Metropolitano se detuvo en estación Central, mi primer destino de esa noche, y lo que me encontré primero, al abrir sus puertas, fue al muy brillante y molestosamente llamativo color amarillo (los colores, mientras más brillen, más me llaman la atención visualmente), las luces (me percato de todas ellas al mismo tiempo) y la confusión de no saber hacia dónde caminar. No lograba ver bien debido a mi hiperconcentración en pequeños detalles, lo cual hace que vea recuadro por recuadro, por lo que tengo que juntarlos para poder ver panorámicamente. La gente moviéndose por todos lados al mismo tiempo lo empeoraba todo. Y lo que empeoraba aún más la situación era el hecho de que puedo escuchar cada sonido a la vez. Todo entra sin filtro: el sonido de la cartera que golpeaba la cintura de una chica que caminaba apresuradamente, el caminar de los zapatos de cuero de un señor en terno, el sonido de varias narices respirando profundamente, los demás buses del Metropolitano con ese sonido que alerta la llegada a otra estación, muchas voces que hablan al mismo tiempo y que parecían una sola, una sola imagen con varias puntas. Los autistas que tenemos hipersensibilidad auditiva podemos escuchar el rebote de todos los sonidos en objetos que no son su fuente de origen. Es decir, podemos escuchar el eco de absolutamente todos los sonidos en absolutamente todos lados y, por eso, nunca sabemos cuál es fuente original de un sonido. Escuchamos tres o cuatro veces más fuerte que los neurotípicos.

Todo esto, sumado a la sinestesia tacto-oído-vista que hace que sienta y vea sonidos simultáneamente, hizo que todos los sonidos de aquella estación me taparan los pensamientos visuales. Muchos autistas somos pensadores visuales, pensamos en imágenes y no en palabras. No tenemos eso que llaman “voz interior”. Simplemente, lo que sale de afuera suena exactamente igual a lo que suena adentro. 

Pensé en caminar hacia donde sea para salir de ahí de una buena vez mientras evitaba chocar con otras personas (cuando ando confundida, suele pasar eso). Y, finalmente, salí. Me quedé parada un rato en Grau observando todas las luces que inevitablemente generan mi atención. Aquí, ya me costaba pensar un poco más porque los sonidos suelen intervenir con mis pensamientos. En ese instante, mi sentido del tacto también era un remix. Por ello, Lima Centro me obliga todo el tiempo a caminar con la mirada al suelo para pensar mejor y claramente. 

Pasé por Lampa, una calle no tan luminosa, y mi cuerpo se destensó un poco. Lima y sus estímulos provocan que mi cuerpo permanezca tenso y no pueda respirar tranquilamente, motivo por el que siempre llego a casa adolorida, como salida de una buena paliza en alguna clase de muay thai. Esto no lo puedo controlar porque mi cuerpo se tensa automáticamente sin que yo desee. 

Caminé mirando al suelo, viendo y sintiendo las voces de las personas que se acercaban y alejaban mientras caminaba, hasta llegar a la Plaza San Martín. Aquí todo es intenso y los olores son muchísimo más variados. Pero lo que me gusta de esta plaza es ver el cielo, que se nutre de todos los colores de las luces que vienen de abajo: muchos tonos de morado, amarillos azulados, naranjas, grises, verde vejiga… El cielo de la plaza es así: oscuro pero multicolor. Y es un escape visual-táctil a todo lo que viene de alrededor. Mirar el cielo de la Plaza San Martín es escuchar y sentir todos esos cambios de color de su cielo en tu piel (gracias a la sinestesia ojo-oído-tacto, una vía sensorial activa todas las demás). Mirar el cielo de la plaza, para mí, es lo más tranquilo del lugar. Alrededor no era agradable. Las cosas en exceso no son agradables.

Luego de quedarme un pequeño rato mirando al cielo, seguí mi camino. Tenía que llegar hasta la Casa de la Literatura Peruana. Como ya mencioné, no puedo ver panorámicamente. Siempre veo por recuadros, pedazos, detalles que debo unir mentalmente y de la manera más rápida posible para poder hacerme una imagen mental de todo. Esto implica un gran esfuerzo en una ciudad con tanto movimiento, sonidos que tapan mis pensamientos, olores, contaminación visual y desorden en general. Yo solo pensaba no tener una sobrecarga sensorial, un shutdown autista (los hay en diversos grados), porque, de lo contrario, mi cerebro se apagaría y terminaría siendo peligroso para mí. Me ocurrió una vez mientras cruzaba la pista del parque Kennedy (Miraflores tiene aún más contaminación visual que sonora), y realmente es una experiencia terrorífica. El cerebro se apaga para evitar que entren más estímulos por sobrecarga, de tal manera que no puedes pensar. Es alguna especie de bloqueo profundo. Te olvidas hasta de tu propio nombre, te olvidas hasta de cómo hablar (mutismo), de cómo atarte los zapatos, te olvidas de que debes seguir avanzado para terminar de cruzar la pista. Miras, pero realmente ya no estás viendo nada; escuchas, pero ya no estás oyendo nada. 

Y aquello me pasó. Me paré en medio de la pista por un shutdown y simplemente no entendía nada en absoluto, por más que me esforzaba. Ni siquiera podía reconocer muy bien que estaba haciendo el esfuerzo por entender. Gracias a una persona que me empujó, pude terminar de cruzar esa pista y, por fortuna, aquello no pasó a mayores. Lima, para un autista, es realmente hostil. Pero eso no significa que estemos impedidos de enfrentarla. Todo depende de calcular cuánto nos queda de energías o “cucharaditas” para evitar una sobrecarga. Podemos usar audífonos y lentes de sol para ahorrarnos aquellas energías que supone enfrentar la ciudad. El problema es que no podemos andar con audífonos especiales todo el tiempo, porque la inseguridad ciudadana es tremenda y no podemos usar lentes de sol en todos lados, así sea de noche, pues las personas te tomarían por loco: te chocas con la incomprensión, más aún por nuestra forma de actuar y entender, que es muy distinta a lo que se esperaría como “normal”. Lima hace que me sienta, en ese sentido, entre la espada y la pared.

Tomé la ruta de jirón de la Unión para llegar a la Plaza Mayor. Otra vez, amarillo, molestoso amarillo. Aquí, empecé a chocar con las personas por no ver todo a la vez. Los sonidos empezaron a tensarme y cegarme los pensamientos, y las luces, a llamar mi atención involuntariamente (volteo mucho mi cabeza a diversos lados). Esta parte de Lima Centro es muy impredecible, y los sonidos impredecibles, por más minúsculos que sean (como alguien pasar saliva), originan que una sensación de corriente eléctrica salga de mi cabeza, recorra mis brazos y piernas hasta las puntas de los dedos. O sea, duele. Los sonidos, mientras más predecibles sean, no dolerán, solo me tensarán involuntariamente los músculos. 

Aquello siempre será una pelea entre mi cuerpo, quien reacciona involuntariamente a todo, y yo. Jirón de la Unión me obliga a tener que ver todo a mi alrededor, para que todo sea lo más predecible que se pueda y evitar esa reacción. Tenía que elegir entre evitar lo que me causa el sonido o lo que me genera el ver, así que escogí lo primero. 

Empecé a aprovechar el tránsito de este jirón: fijar la mirada en la espalda de una persona y seguirla hasta donde pueda. El truco es mirar alrededor solo cuando cruce las pistas. Esto funcionó solo hasta cierta medida, ya que muchas personas a quienes seguía de espalda entraban a los distintos establecimientos que hay en ambos lados, a los que evito entrar, no solo por estímulos sensoriales, sino también por el tipo de alimentos que venden. Lo artificial, por minúsculo que sea, me hace daño. El sentido del gusto es agudo y evito esos alimentos que tienen más sabor a alcohol que otra cosa y que, ciertas veces, causan en mí reacciones alérgicas graves. Siempre una ruleta rusa. No hay muchas tiendas vegetarianas o de alimentos naturales cerca. Lima, también, hace que me muera de hambre. 

Llegué, finalmente, a la Plaza Mayor. Y sí, más amarillo. Lima está repleta de amarillo y de muchos otros detalles más. (Gracias, Castañeda, por pensar en nosotros. Gracias, alcaldes de Lima y ciudadanía en general, por pensar en nosotros, la minoría invisible, pero siempre presente entre ustedes). No es que me guste estar sola o no me guste salir de casa. Simplemente, Lima me provoca que no desee verla. Sin embargo, si la enfrento cara a cara, es porque también quiero ser parte de esa ciudad que quiere mantenerme fuera de ella. 

Mi ruta final fue ese (más) tranquilo paseo peatonal hacia la Casa de la Literatura Peruana. Era más oscuro y yo, mientras pasaba por ahí, estaba un poco más relajada. Me distraje con más tranquilidad en las tiendas de artesanía, en los cuadraditos que forman los tejidos de muchos de esos telares andinos, en las minúsculas piedritas de colores en el suelo que llamaban mucho la atención de mi visión periférica y estimulaban mi sentido del tacto, sobre todo las que brillaban según me movía. Luego, empecé a recordar toda mi ruta desde Grau hasta la Casa de la Literatura Peruana. Empecé a visualizar toda mi odisea delante de mí como si fuera un holograma, y lo giraba, retrocedía o avanzaba, según se me antojaba. Luego, como lo visualizaba, también lo sentía. Empecé a visualizar las formas accidentadas de muchas de sus calles y, con esas formas, escuchaba sonidos. Los sonidos tienen formas, y si veo una forma la relaciono con su respectivo sonido. Empecé a reconstruir sonidos de mi paso por las calles de Lima. Y ese fue mi primer recuerdo con ella: la melodía de mi paso por sus calles.

Lucía Egas

Ilustración: Nicolé Hurtado Céspedes

Datos de apoyo

Lima Centro Nombre alternativo para designar al centro histórico de Lima, el segmento de la trama urbana de la ciudad que se corresponde con el primer emplazamiento de los conquistadores españoles, fundado en 1535, en el valle del Rímac. También se le conoce como el “damero de Pizarro”. Esta área le pertenece al distrito de Lima.

Plaza Mayor Área ubicada en el “damero de Pizarro”, rodeada por el Palacio de Gobierno (jirón Junín), la sede de la Municipalidad Metropolitana (jirón de la Unión), el Portal de Botoneros (jirón Huayaga) y la Catedral de Lima (jirón Carabaya). Es uno de los espacios públicos más significativos de la capital peruana, tanto por su historia, como por su relevancia dentro del circuito comercial de esa parte de la ciudad. Tanto en la etapa colonial como en la republicana, la Plaza Mayor, también conocida como Plaza de Armas, ha sido uno de los escenarios más recurrentes en la historia del Perú, en tanto espacio representativo ante la población del poder gobernante de turno. 

Casa de la Literatura Peruana Centro cultural del Ministerio de Educación. Es uno de los polos culturales más activos del centro de Lima. Fue creado en 2009 con el fin de promover la producción de autores peruanos, así como la de incentivar la lectura. Se ubica en el jirón Áncash, a espaldas del Palacio de Gobierno. Su sede, un edificio de más de cien años, fue en alguna ocasión la antigua estación de trenes de Desamparados. El ferrocarril central, que conecta al Callao con Huancayo, circula una vez al mes por allí. La Casa de la Literatura Peruana alberga una biblioteca, una exposición permanente y dos temporales, además de un auditorio donde se celebran eventos variados cada semana.

Plaza San Martín Uno de los espacios públicos más empleados por la sociedad civil en Lima. Se ubica en un área rodeada por el jirón de la Unión (oeste), el jirón Carabaya (este) y la avenida Nicolás de Piérola (norte y sur). 

Metropolitano Es un servicio de buses de transporte público con un carril exclusivo y paraderos establecidos, para cuyo uso se requiere de una tarjeta. Tiene un servicio troncal que atraviesa la ciudad de Lima de sur a norte, desde Chorrillos hasta el límite de los distritos de Independencia y Comas, respectivamente. y un servicio complementario de rutas alimentadoras. 

Estación Central Es el paradero (final en algunos casos, inicial en otros) de las rutas troncales, así como de las líneas expreso, del servicio de buses del Metropolitano. Se halla debajo del Paseo de los Héroes Navales, un espacio público situado en el Paseo de la República, en el centro de Lima. Al lado este se encuentra el Palacio de Justicia, mientras que al lado opuesto se ubican el hotel Sheraton y el Centro Cívico. La Estación Central se conecta, por el sur, con la Vía Expresa; por el este, con la avenida Grau, aunque este circuito permanece cerrado; por el norte, con la avenida Lampa; y por el sur, con la avenida España.

Estación Canadá Es uno de los paraderos del servicio de buses del Metropolitano en la Vía Expresa. Se halla debajo del cruce con la avenida del mismo nombre, un eje este-oeste que conecta a los distritos de Lince y La Victoria. Es antecedida por la estación Javier Prado y precede a la estación México.

Avenida Grau Es una vía de gran importancia en Lima. Conecta al Paseo Colón con las avenidas Aviación y Áncash, lo que permite la circulación entre el centro de la ciudad y el sector este. Su trazado sigue la dirección que tuvieron las murallas de Lima, las cuales fueron derribadas a mediados del siglo XIX. Desde entonces y hasta el siglo XX fue una avenida ancha en cuyas bermas, en su mejor momento, se ubicaron decenas de árboles. A principios del siglo XXI, se construyó la Vía Expresa que actualmente la recorre. Es una avenida que, debido a su intensa actividad comercial, especialmente las galerías de artículos importados y los negocios en torno al uso del automóvil, suele estar congestionada. Sirve de límite entre el centro histórico y La Victoria.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s