Chile, 18 de octubre: bromas pesadas al sistema


Como lo anunciamos hace algunos días, la crónica de hoy no está destinada a Lima, sino a una ciudad extranjera, capital de un país limítrofe y hermano. Santiago de Chile, escenario, desde hace semanas, de una tórrida batalla entre el pueblo y un orden social por años injusto, es el motivo de escritura y reflexión en esta oportunidad. Nosotros no olvidamos que Lima, como Santiago, ha sido también, en el pasado, la arena de la batalla, el plató de la crítica y la rebeldía que, envueltas del coraje y el vigor de la gente, fundieron, en una amalgama de entusiasmo, Ciudad, Historia y Voz ciudadana. Porque nuestro objetivo es ese: rescatar las voces sobre la ciudad, pero también la voz de la ciudad misma, que habla en sus habitantes, en sus calles y en la historia nacional que se escribe diaria, lentamente, pero con pasos seguros hacia el camino de una sociedad más justa y con mayores señales de vida digna. La crónica que ahora publicamos ha sido exclusivamente escrita para Río Hablador por el escritor y profesor chileno Roberto Contreras.

***

Nací en Santiago de Chile a comienzos de 1975, en plena dictadura de Pinochet. 

Mi casa de infancia fue el lugar donde a mis padres pilló el Golpe de Estado, los allanamientos, las calles con tanquetas militares y patrullas policiales, helicópteros sobrevolando las noches de la derrota. Es la memoria de todos mis familiares. Para los amigos de mis padres, mis propios compañeros y hermanos, es el país que nos tocó conocer y recorrer como dentro de una película muda, en blanco y negro. Una cortina de humo donde desaparecían personas, vecinos, amigos de amigos y conocidos, borrando en cada salida o vuelta, las calles que creíamos conocer y en las que había que buscarse atajos para sobrevivir: aprender a perderse. 1989. Durante mi juventud, al terminar la escuela, mientras cursaba estudios universitarios, se vino lo que se conoció como democracia, teniendo como telón de fondo, en reemplazo de la inseguridad, una férrea desconfianza y, ante la represión, un estado policial, uniformado y civil, que siguió tutelando los pasos de quienes, desde temprano, olieron que la apuesta de recomposición nada tenía de libertad, pues había sido pactada sin justicia sobre una obligada convicción de que luego del fracaso Socialista –la revolución de empanada y vino tinto de Allende– el experimento neoliberal era la única salida. Se habló de una “teoría del chorreo”, en la que si a la clase económica le iba bien, al resto le iría bien. El país creció sin mirar al lado y, como una isla de esplendor, solo aumentó la fortuna de unos pocos mientras el resto naufragaba con el agua hasta el cuello o cuando menos haciendo buches para no ahogarse a fin de mes. Porque, al decir de Violeta Parra, desde hace mucho antes, Chile limitaba al “centro de la injusticia”, y eso había quedado al descubierto.

Chile despertó

18 de octubre de 2019. Un día después de que un grupo de estudiantes saltara los torniquetes del metro –símbolo insigne de la modernidad y el progreso–, una sola ha sido la consigna que se repite a lo largo de esta larga faja de tierra: “Chile despertó”. ¿Y es que el país estaba dormido? Al parecer sí, sumido en el letargo del neoliberalismo, entregados sin saberlo a la pesadilla de una dictadura eterna. No fueron los $ 30 pesos de alza en el transporte subterráneo capitalino, sino la deuda que no acabó con la transición en estos 30 años.

“La de Chile es la historia anunciada de una bomba de tiempo. Detrás del milagro del consumo, se estaba creando una masa de chilenos endeudados y enrabiados que a la primera de cambio descubrieron que habían vuelto a ser pobres, o que tal vez nunca habían dejado de serlo, si la pobreza es entendida como desprotección completa en educación, salud y pensiones”, declara en un lúcido análisis el escritor y periodista Pablo Azócar. Hace solo algunas semanas, el cuestionadísimo presidente-empresario, Sebastián Piñera anunciaba: “Argentina y Paraguay, en recesión; México y Brasil, estancados; Bolivia y Perú, con una crisis política muy grande; Colombia, con un resurgimiento de las FARC y las guerrillas […] En medio de esta América Latina convulsionada, veamos a Chile. Es un verdadero oasis, con una democracia estable. El país está creciendo, estamos creando 170 mil empleos al año. Los salarios están mejorando”. Usando la misma metáfora de los gobiernos de la llamada coalición de centroizquierda que gobernó el país durante 20 años: “Chile es una casa de bien en un barrio peligroso”, cavó su propia tumba como líder político. Admitamos que nunca gozamos de mucho afecto entre los países de la región, y esa imagen se propagó con descaro, pero, como el refrán que dice que no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista, entonces estalló todo en mil pedazos.

Fuego al capital

“Destruir en nuestro corazón la lógica del sistema” es un poema del 2001, del escritor José Ángel Cuevas que anunciaba, en tono paródico, lo que parecía ser una solución, haciendo un llamado al activismo:

HACERLE BROMAS PESADAS AL SISTEMA

bromas sangrientas, por ej.

Y si todos nos declaramos en estado de No Pago?

¿dejamos de comprar objetos en un mes corrido?

¿Aplicamos una retirada en masa de las AFP (que hacen capital

con nuestros fondos rascados día a día)?

[…]

DESTRUYAMOS EN NUESTRO CORAZÓN LA LÓGICA DEL SISTEMA

[…]

Pero, ¿A TÍTULO DE QUÉ?

[…]

¿Tú lo piensas así? Yo también.

Cierto

Pero pongámonos de acuerdo en apagar todos los televisores 

a la vez

somos tantos que estamos de acuerdo/ somos casi el 70,5 %

ALGO PODRÍA PASAR SI NOS PONEMOS DE ACUERDO

EN LA HORA, EL DÍA, EL MES Y EL AÑO:

Más de algo podría pasar.

Más de Algo.

Espérate, pronto te llegarán instrucciones precisas.

Nadie estaba preparado para lo que ocurrió. Y lo que empezó en la capital, Santiago, en los días que siguieron, se extendió por todo el territorio, desde Arica a Magallanes. El escenario fueron las ciudades, las plazas, las calles, avenidas, los centros comerciales, malls, bancos y combinaciones de transportes. 

Hay imágenes que tensionan y distorsionan con su efecto: el caos, el vandalismo, es descontrol. La televisión se encarga de cubrir los desmanes, pero la esencia, el motor, de las movilizaciones nunca. Entre tantos encuentros, logran convivir, no solo en sus discursos, mensajes y pancartas, todas las edades y géneros, hasta diríamos casi las clases sociales, en un país altamente clasista y desclasado. Me resuena en perspectiva el eslogan usado en Wall Street el año 2011: “We are the 99%”.

Una secuencia: en medio de un saqueo, aparece un sujeto portando un televisor plasma de varias pulgadas en su propia caja de embalaje, a un tiempo que le es arrebatado por la turba y arrojado a la fogata de una barricada. Esa es la reivindicación de las demandas y su lucha: prender fuego al capital en todas sus formas y valores. 

Ahora es cuando

Esta mañana he vuelto a caminar por la ciudad, recorriendo hasta el punto más céntrico la reconocida Plaza Italia –se rumoreó estos días que bajo la más grande estación del metro Baquedano, se hallaba un centro de detención y tortura–. A esta altura, van cientos de desaparecidos, más de 50 muertos, y la nada despreciable y simbólica suma de 142 personas que han perdido el globo ocular producto de los perdigones o balines de goma que usa la policía para disuadir/reprimir a los manifestantes.

Hacer la deriva hoy, aparte de mirar la debacle luego del estallido social (la última concentración, en la llamada marcha más grande, congregó a casi 1´500,000 manifestantes), es también constatar que una bomba de pintura golpeó a la ciudad, y lo que nos queda es leer esta nueva realidad, pues nada volverá a la normalidad, porque la normalidad era el problema: la calma, la angustia, la resignación, el silencio. Un grafiti mientras avanzo lo sintetiza mucho mejor: “No era depresión, era capitalismo”.

Este país cambió y ahora es cuando comienzan las verdaderas elecciones, unirnos y sentarnos a discutir para elegir cómo vivir el resto de los días. No es una broma, es en serio. Bienvenidos a este nuevo país que, contrariando a Baudelaire, hoy parece un oasis de fulgor en lo que fuera un desierto de aburrimiento. 

En las las plazas, lugares de cita, la gente se abraza, ríe, da volumen a sus parlantes, saludamos a los conocidos, avanzamos alternando autos, peatones y ciclistas, porque no hay semáforos funcionando hace semanas. Va cayendo la noche. Cada cual especula sobre la cifra de la quizá décima “marcha más grande de las marchas”. Al volver a la casa, ahora mientras escribo, las fotos panorámicas de las azoteas y los drones describirán a lo lejos la fiesta multicolor mientras en un timelapse se divisa, cual estrellas en la noche invertida, los miles de celulares encendidos en un solo coro: “a otros enseñaron secretos que a ti no”, y yo recuerdo, bajo el cielo confuso de humo y los gases, que un tipo me pidió un cigarro al tiempo que me contaba que tenía su carpa junto a la estación del metro donde vivía hace meses, que era dibujante técnico de la ciudad de Concepción, que había viajado por Noruega, Suecia e Irlanda, y ahora estaba ahí en la calle durmiendo. ¿Quieres encenderlo ahora? No, me lo voy a fumar después, hermano.

La tarde es un rojo atardecer, y deja al descubierto que, dentro del mismo centro, la periferia se describe en su exclusión, y ahora dicen que somos todos lumpen, siempre lo hemos sido. Nadie vive en el centro: incluso esta venida para muchos es como ir de viaje a otra ciudad. ¿Que por qué se expresa tanta rabia? El chiste se cuenta solo. Sin banderas, sin partidos, avanza el movimiento, acaso justificando una de las mejores consignas en un muro: “Somos fuertes como el mar”. El cielo se quema, y pienso que todos los atardeceres desde hoy serán rojos.

Roberto Contreras

Plaza Italia, Santiago de Chile, 03 de noviembre de 2019

*Fotografías: César Sanhueza / Roberto Contreras

Datos de apoyo

Dictadura de Augusto Pinochet El Régimen Militar chileno surgió a raíz del golpe de estado dirigido contra Salvador Allende, en 1973. Desde entonces y hasta 1990 se extendió el gobierno de Augusto Pinochet (1915-2006), quien presidía la Junta Militar de Gobierno. La orientación del régimen fue de extrema derecha, en ese sentido, se persiguió a los grupos de izquierda, se prohibió la existencia de partidos políticos y sindicatos, hubo denuncias por desapariciones y violaciones de derechos humanos, así como se terminó imponiendo un modelo económico neoliberal. En 1990, luego de un segundo plebiscito, Pinochet cedió el poder a Patricio Aylwin, primer presidente de la Transición a la democracia.

Revolución de empanada y vino tinto Allende, con el fin de fijar un perfil propio para su gobierno, declaró que, en Chile, la revolución socialista sería “con sabor a empanada y vino tinto”.

Salvador Allende Presidente chileno (1908-1973). Fue líder de la Unión Popular (coalición de partidos de izquierda) que se convirtió, en 1970, en el primer presidente marxista del mundo que accedió al poder a través de elecciones generales. Debido a sus medidas políticas, sociales y económicas, se ganó la inquina de los sectores conservadores locales, así como generó la preocupación del gobierno de Estados Unidos. En 1973, sufrió el golpe de estado dirigido por su ministro de Guerra, Augusto Pinochet. Allende, instalado en la Casa de la Moneda, palacio de gobierno de Chile,  resistió el asalto de los soldados y carabineros que apoyaban la revuelta. De acuerdo con el discurso oficial, validado por el Estado chileno y la familia de Allende, el líder izquierdista se suicidó aquel mismo día. 

Violeta Parra Artista, folclorista y divulgadora de la música popular chilena (1917-1967). Su labor de rescate, así como su quehacer artístico, la convirtieron en una de las figuras más valoradas del panteón de creadores chilenos. Además de inspirar a diferentes artistas de su país, su relevancia también ha sido significativa fuera de Chile.

Pablo Azócar Periodista y escritor chileno (1959). En 1999, publicó Pinochet. Epitafio para un tirano, una crónica periodística que, a propósito de los procesos judiciales llevados a cabo en Londres contra Pinochet, hurga en su infancia, sus relaciones, sus intereses y vacíos, así como su protagonismo en el golpe militar de 1973.

Sebastián Piñera Presidente chileno (1949). Economista y empresario, ha sido elegido en dos oportunidades como jefe de Estado: 2010-2014 y 2018-actualidad. Involucrado en la política, primero como senador y luego como candidato presidencial en más de una ocasión, desde los últimos años de la dictadura de Pinochet. Es dueño de una de las mayores fortunas del país.   

FARC Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia fueron un grupo insurgente con base en el pensamiento marxista-leninista que se fundó en 1964. Durante más de cincuenta años estuvieron enfrentados al Estado colombiano. Hicieron uso de diferentes formas de ataque contra el ejército y la sociedad civil (atentados, emboscadas, secuestros selectivos). En 2016, firmó un acuerdo de paz que, entre otras exigencias, establecía el desarme de sus huestes, la amnistía de sus miembros y su conversión en el partido político Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común. Participaron como tales en las más recientes elecciones.  

José Ángel Cuevas Poeta chileno (1943). Está considerado dentro de la denominada generación del 70, la que debió resistir las limitaciones y los embates impuestos por la dictadura pinochetista. Cuevas fue uno de los artistas e intelectuales que sufrieron el exilio interior, condición impuesta por el gobierno que los aislaba y excluía de instituciones y entidades culturales y, en algunos casos, de la vida política. En los últimos años, las nuevas generaciones de escritores chilenos han encontrado un referente en su obra contestataria.

Arica y Magallanes Nombres de las regiones, de acuerdo con el sistema de división administrativa en Chile, que se sitúan en los extremos norte y sur, respectivamente, del país. Arica limita con el Perú y Bolivia, mientras que Magallanes lo hace con Argentina y la Antártica chilena.

Plaza Italia Tradicional espacio público ubicado en el extremo este del casco histórico de Santiago de Chile. Es una rotonda que se sitúa a orillas del río Mapocho, frente al bohemio barrio de Bellavista. En ella coinciden las avenidas Providencia y Libertador Bernardo O’Higgins. En el trazado de la ciudad, establece un punto de referencia para distinguir a las zonas privilegiados de los sectores populares. De allí proviene el simbolismo de este espacio, pues es el punto donde confluyen todos los ciudadanos, ya sea para celebraciones nacionales o manifestaciones cívicas.

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