La Vía Expresa, un accidente cronológico

1.

La Vía Expresa del Paseo de la República es el ancho y hondo cauce de una invisible —e inextinguible— corriente de tránsitos propios y compartidos, orientados en distintos sentidos, situados en diferentes épocas. Su trazado, con inevitables variantes, ha sido empleado como vía de comunicación por los habitantes de esta parte de la costa, al menos, de acuerdo con lo que se tiene registrado, en los últimos quinientos años. De hecho, el Qhapaq Ñan, el célebre camino con el que los incas conectaron al Cusco con el resto del Tahuantinsuyo, se extendía a lo largo del actual Paseo de la República. La ruta continuó siendo empleada durante el virreinato y los primeros años de la república, cuando lo único que se interponía entre el Centro y los pueblos balnearios del sur eran las haciendas y una que otra huaca (que terminará siendo depredada). Su importancia será reafirmada con la construcción y establecimiento del primer ferrocarril del país, en 1858, en el gobierno de Ramón Castilla. Su recorrido empezaba en Lima y terminaba en Chorrillos, sitio de veraneo y solaz de la clase alta local. En el siglo XX, si bien el ferrocarril será sustituido por un tranvía, el trayecto no dejará de ser recorrido por los limeños de un extremo a otro.

2.

En uno de los episodios de La casa de cartón (1928), el alter ego de Martín Adán retrata la experiencia de viajar en tranvía: «En el tranvía. Las siete y media de la mañana. Un asomo de sol bajo las cortinillas bajas. Humo de tabaco. Una vieja erecta. Dos curas mal afeitados. Dos horteras. Cuatro mecanógrafas, con el regazo lleno de cuadernos. Un colegial —yo—. Otro colegial —Ramón—. Huele a cama y creso. El color del sol se posa en los cristales de las ventanas por el lado de fuera como una nube de pálidas mariposas traslúcidas. Súbito exceso de pasajeros». El protagonista contrapone la sensación de pesadez que le suscita el interior del vagón, cada vez más reducido conforme se llena de pasajeros, con la de ligereza que le transmite la luz solar que se filtra por las ventanas. En el fondo, es el anhelo por recuperar la libertad de desplazamiento, es decir, mantener lo más expandidos posible los linderos del espacio personal propio. No obstante, las exigencias de la vida contemporánea, que obligan a cumplir con determinadas convenciones, motivan a que se sacrifique esa libertad por unos instantes, tolerando la presencia y la cercanía de un grupo de desconocidos, con tal de invertir menos tiempo en atravesar un trayecto específico.

3.

Así como el viaje en tranvía propiciaba el encuentro de uno con los demás habitantes de la ciudad, su ruta contribuía en reforzar la idea de que se erguía una especie de barrera entre los barrios pobres y burgueses de la Lima en expansión. Julio Ramón Ribeyro alude en su obra, años después de lo escrito por Martín Adán, a las distancias de clase que existen entre algunos de sus personajes y que son evidenciadas por la frontera que representan para ellos los acerados rieles del tranvía. A ambos lados del Paseo de la República se percibe —se cree en— esas diferencias: Santa Beatriz y Miraflores, por un lado; La Victoria y Surquillo, por el otro. En 1967, la ruta sufrirá su transformación más radical: el retiro de los tranvías y la consecuente construcción de una autopista a desnivel. Se oficializaba, así, la existencia de nuevos Centros, en desmedro del creado por Pizarro. Vista con cierto recelo, la Vía Expresa significaba en su momento, más que la construcción de una ostentosa carretera urbana, la realización de un deseo esperado con ansias por la vieja burguesía limeña: un camino cómodo y seguro para culminar la mudanza hacia las exclusivas zonas residenciales (los balnearios de antaño) de Miraflores, Barranco y Chorrillos. 

4.

Desde la perspectiva de ese mismo grupo, había motivos para (hu)ir del Centro. Los movimientos migratorios desde provincias eran ineludibles. Tarde o temprano se llevarían a cabo el inexorable asalto y la posterior toma de la zona más tradicional de la capital. En «Crónica de Lima», poema de Canto ceremonial contra un oso hormiguero, Antonio Cisneros escribirá en clara clave irónica: «Sobre las colinas de arena / los Bárbaros del Sur y del Oriente han construido / un campamento más grande que toda la ciudad, y tienen otros dioses. / (Concerta alguna alianza conveniente.)». El poema, que había sido publicado en un libro de 1968, revelaba de manera paródica el miedo que se sentía, en un sector de la sociedad limeña, ante la llegada de los migrantes. Cabe pensar que la (hu)ida del Centro fue parte de la estrategia de supervivencia tomada por la desesperada burguesía limeña para mantener las distinciones propias de su clase y de su estilo de vida. Si bien el Zanjón, como se le llamó a la Vía Expresa por su apariencia, fue proyectada como una obra necesaria para la expansión de la ciudad, su pretensión de acortar distancias fue aprovechado por cierto grupo tan solo para  reafirmar sus diferencias. El Zanjón se volvió una especie de muralla hundida.

5.

La implementación del sistema del Metropolitano, en los primeros años del siglo XXI, y que ya contaba con un antecedente en los buses de la Enatru (Empresa Nacional de Transporte Urbano), que también circulaban por la berma central de la Vía Expresa, no ha hecho más que develar nuevamente la condición de vía neurálgica de la ciudad que aún ostenta el Paseo de la República. Es llamativo que ahora este trayecto, que en alguna época fuese considerado como una suerte de barrera, sea el mismo que permite el tránsito entre los sectores norte y sur de Lima, precisamente los que hoy son ocupados, en su mayoría, por los descendientes de los migrantes de hace unas décadas atrás. Esta situación evidencia que un mismo espacio puede albergar significados opuestos entre sí según cómo sea percibido por sus usuarios (reiterados y ocasionales) en un tiempo en particular. En el caso de la Vía Expresa, cada vez que se accede a ella, bien en una unidad del Metropolitano, o bien en un automóvil propio o ajeno, se está penetrando a un accidente cronológico —también los hay geográficos— en donde confluyen y coexisten todos esos tránsitos que se han realizado entre una era y otra. Es el río donde sobreviviremos hechos unas ondas apenas perceptibles.

Paulo César Peña

Ilustración: Nicolé Hurtado Céspedes

Datos de apoyo

Vía Expresa del Paseo de la República Siguiendo el trazado de esta arteria, que atraviesa la ciudad de norte a sur, en su camino desde el Centro de Lima hasta el distrito de Barranco, en 1967 se construyó el célebre Zanjón. Se trata de una carretera a desnivel por donde transitan unidades de transporte público (servicio del Metropolitano) y de transporte privado (taxis, automóviles y camionetas particulares). 

Qhapaq Ñan Red de caminos que se construyó durante el periodo de apogeo del Tahuantinsuyo. Los incas extendieron esta vía de comunicación desde Colombia hasta Argentina, por los valles costeros y entre las montañas. Desde 2014, el circuito entero —o los segmentos que de este persisten— es considerado Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO.

Ramón Castilla (1797-1867) Militar, estadista y político peruano que llegó a ser Presidente del Perú en dos ocasiones: de 1845 a 1851 y de 1855 a 1862. Durante su periodo, entre otras reformas de gran impacto, se declaró la abolición de la esclavitud y se estableció la libertad de prensa.

Martín Adán (1908-1985) Poeta peruano caracterizado por el hermetismo y la complejidad  de su obra. Su primer libro, La casa de cartón (1928), es una obra que fluctúa entre distintos géneros (desde el poema en prosa hasta la novela diario) y cuya trama parece tener asidero en las experiencias juveniles del autor en el entonces apartado balneario de Barranco. 

Julio Ramón Ribeyro (1929-1994) Narrador peruano, autor de cuentos, novelas y ensayos, inscrito en la denominada generación del 50. Retrató, en sus historias, a personajes que, sin importar su clase social, muchas veces caen rendidos ante las circunstancias de la vida. Muchos de sus relatos están ambientados en Lima, principalmente, aunque no solo allí, en el distrito de Miraflores. La palabra del mudo es el volumen en el que se recoge toda su obra cuentística.

Balnearios de antaño En el siglo XIX, mientras el tramado urbano de Lima estuvo circunscrito al trazado de la muralla, y a los alrededores más próximos a esta, existieron algunos pueblos dispersos en el resto del valle del Rímac. Aquellos que estaban al sur, cerca de los acantilados por donde era posible acceder a la orilla del mar, eran estaciones de encuentro, más aún durante el verano, para el sector más acomodado de la población limeña de esos años. Estos pueblos fueron Miraflores, Barranco y Chorrillos. Solo hacia mediados del siglo XX, y en adelante, sus emplazamientos, anteriormente rodeados por tierras de cultivo, fueron integrados en el tejido de calles de Lima. En la actualidad, son los distritos que, junto con el damero de Pizarro, concitan la mayor atención entre los turistas extranjeros que visitan la capital. 


Antonio Cisneros (1942-2012) Poeta peruano reconocido por su poesía cuestionadora de la historia, tanto la peruana como la universal, gracias a su agudeza, ironía y humor. Integrante de la denominada generación del 60, fue uno de los poetas peruanos con mayor resonancia en otros países de habla hispana. Con Canto ceremonial contra un oso hormiguero (1968), su cuarto libro, consiguió el primer puesto del prestigioso premio Casa de las Américas.

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