Polis: un libro panorámico de las Limas del siglo XXI

Polis. Visiones y versiones de Lima a inicios del siglo 21 es un libro que apareció publicado en agosto de 2006 y cuya edición estuvo a cargo del arquitecto peruano Gary Legget. El volumen contiene un conjunto de ensayos escritos y visuales que giran en torno a las distintas caras de la heterogeneidad que muestra Lima contemporánea. En el prólogo (“Antesala de una ciudad”), se afirma lo siguiente: “Hoy más que nunca resulta limitante concebir a la ciudad contemporánea como una abstracción unitaria en el espacio. La complejidad de su estructura discontinua hace que no sea práctico abordarla como un ente unificado que ignore la constitución real de sus fracciones, sino que las aparta y las aísla, es indispensable trascender una visión totalizante de la urbe para conocerla como lo que en el fondo es: una suma de fragmentos e ideas que, para bien o para mal, deben habitar y compartir el mismo entorno”. Precisamente, los ensayos del libro, escritos o armados por especialistas, o por creadores provenientes de diversas disciplinas, aplican lo propuesto en el prólogo. Se trata de acercamientos que se arriesgan a escapar de la norma académica y que, aun así, no dejan de aportar alguna reflexión sobre las múltiples Limas con las que se encuentran. Asimismo, hay algunos textos que son extensiones de proyectos artísticos (fotografía, pintura, arquitectura, instalación, intervención urbana) ejecutados con anterioridad en nuestra ciudad, que también cuestionan algunos tópicos del pasado. Con más de 600 páginas, Polis es un dispositivo que almacena información de distintos órdenes y orígenes acerca de una ciudad que, siquiera en su intelligentzia, comenzaba a reconocerse y aceptarse como heterogénea y fraccionada. 

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Debido a que el tiraje de Polis fue de apenas 550 ejemplares, hoy, más de diez años después de su publicación, es extremadamente raro encontrarlo en las librerías de viejo. El peculiar color morado de la tela con la que estaba forrado, sobre el que, en el lomo y la portada, se podía leer su título impreso con tinta de claros tonos metálicos, ayudaba a identificarlo entre otros libros. Una de las empresas que contribuyó —al parecer monetariamente— con la impresión del libro era la misma en la que yo trabajé como vendedor, en una de sus tantas librerías en Lima. Por eso, tuve suerte no solo de encontrarlo, sino de comprarlo con un descuento más que conveniente para mi economía de estudiante universitario. Por esta misma razón, también sé cuándo se vendió el último de sus ejemplares en aquella cadena de librerías. Fue a mediados de 2007, y la compradora fue la hermana de una amiga mía. Sin embargo, tiempo después, un amigo pudo conseguir un ejemplar de Polis en un puesto de Quilca. Fuera de este caso excepcional, nunca supe de alguien más que lo hubiese encontrado en una incursión librera por Lima. Considerando lo valioso del material que reúne, es una lástima que no haya contado con mucha mayor difusión, es decir, que alcanzara a lectores situados más allá de los linderos del habitual sector cultural de la ciudad. Soy consciente de que eran otras las condiciones en esos años. Ahora, al menos, es posible recurrir a las redes sociales para dar a conocer un proyecto o una obra. En ese entonces, era imposible.

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El libro es un breve muestrario de parte de la producción cultural de Lima durante su tránsito de un siglo a otro. Uno de los rasgos que emparenta a los distintos trabajos reunidos, provenientes de diversas disciplinas, es el afán de desmontar —incluso de subvertir— las tradicionales referencias con las que se identificaba a Lima hasta entonces, ya sea desde la publicidad formal o desde los medios de comunicación masiva. Un primer caso que evidencia esta situación es “Lima y el síndrome de la cigarra”, que recoge el grupo de cuadros que el pintor Bill Caro realizó a partir de ciertas escenas de deterioro que encontró en el centro histórico de Lima. El artista reconoce la belleza presente en la decadencia en que se hunden ciertos inmuebles que alguna vez fueron tan ostentosos. Disipa crudamente con sus trazos la nubosa ilusión de una Lima que ya no está. Otro ejemplo de esto es la serie fotográfica “Vivienda panamericana”, la cual estuvo a cargo del grupo La Polisía. En la serie, existe una mirada que contempla en la distancia a las casas situadas a los costados de la carretera Panamericana, a su paso por el norte y por el sur de la ciudad. Esta mirada contrasta con la que se construía desde las noticias, en las que estos espacios eran, más bien, escenarios de actos delictivos o de disturbios. También comparten este rasgo dos propuestas de intervención urbana: “El metro más corto del mundo”, de Armando Paredes y Lucía Justo, y “Las flores de Lima”, de Felipe del Águila, aunque adecuado a sus temas (la corrupción política y la prostitución callejera). 

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Entre los demás proyectos y ensayos que contiene Polis, destaca —debido a su extensión, pero también a su intención de pensar Lima— un texto escrito por Legget que se titula “Los bordes de Lima”. El ensayo se compone de un centenar de fragmentos, unos de apenas unas cuantas oraciones, otros de algunos párrafos más desarrollados. La justificación que se ofrece para este inesperado formato aparece entre corchetes al principio: “El siguiente texto recopila apuntes y fragmentos de una investigación inconclusa sobre la ciudad de Lima”. Los fragmentos son separados durante ciertos segmentos, quizá como una manera de no agotar al lector. En estos intermedios, aparecen fotografías que reproducen distintos rincones de la Lima (de las Limas) del siglo XXI y que dejan al descubierto las tensiones que en ellos se manifiestan. Las reflexiones de Legget surgen a propósito de un término en especial: borde. El arquitecto peruano desea emplear este concepto como herramienta práctica en el campo urbanístico. Líneas más adelante, anota que existen tres formas de percibir un orden: “el borde como encuentro”, “el borde como barrera” y “el borde como ilusión”. También advierte, en un pasaje posterior del texto, que hay ocho clases de bordes: los personales, los construidos, los políticos/legales, los socioeconómicos, los geográficos, los temporales, los funcionales y los culturales. A partir de estas consideraciones, analiza las dinámicas —de conflicto, pero también de encuentro— sobre las que se ha configurado Lima. Detrás de todo el texto, detrás de las interpretaciones y elucubraciones que Legget lleva a cabo, se halla una sola gran interrogante planteada por otros más: ¿vale la pena o no vivir en esta ciudad?

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Resulta obvio señalar que, en trece años, la ciudad y sus habitantes se han convertido en un cuerpo distinto. En ese sentido, cabría esperar una nueva versión de Polis que contuviera otras pistas, otras marcas, otras evidencias, del paso del tiempo por Lima. En el libro original, el objetivo está debidamente identificado —y ratificado en un texto tras otro—: Lima no puede seguir siendo concebida, cultural y políticamente, como una entidad uniforme y sin fracturas, ceñida a un molde de ciudad que, antes que ser la realidad soportada por todos es, solo sea la mera impresión fugaz de unos cuantos. En estos doce años, esta concepción parece haber comenzado a calar con mayor profundidad en más de un sector de la sociedad, de allí que ya se reconozca, en vez de los antiguos conos, la presencia de una Lima Norte, de una Lima Sur o de una Lima Este. Sin embargo, también es cierto que continúa tratándose de una versión de ciudad que para muchos no es relevante o, peor aún, ni siquiera real. Pese a ello, este escenario no ha impedido que las otras Limas, a lo largo de este tiempo, se hayan ido descubriendo, cada vez más, en toda su magnitud. El valor de Polis, como documento de reflexión sobre la ciudad, se reafirma con estas manifestaciones de las otras Limas, pues significa que supo anticipar, así como poner en evidencia, disimulado en un discurso crítico, un fenómeno que hoy es completamente innegable. La nueva pregunta que hay que plantearse ahora, con miras al futuro, es: ¿cuál es el tipo de vínculo que debe estimularse entre las diversas Limas?

Paulo César Peña

Datos de apoyo

Gary Legget Arquitecto peruano. Su formación ocurrió en el extranjero, en los Estados Unidos (Princeton, Yale y Harvard). En 2006, estuvo a cargo de la edición de Polis: visiones y versiones de Lima a inicios del siglo 21. En la actualidad, es director de 2021: Proyectos del Bicentenario, una iniciativa privada que, por medio de concursos abiertos, promueve la construcción de espacios públicos en el Perú.

Quilca Calle del Centro Histórico de Lima que, además de haber constituido una antigua e importante vía prehispánica, alberga, en unas pocas cuadras (entre la plaza San Martín y la avenida Garcilaso de la Vega), uno de los polos más representativos del circuito contracultural de la ciudad. Se sostiene en una serie de librerías de viejo, galerías con productos musicales, desde LP’s y cassettes hasta prendas de vestir, así como algunos bares antiguos. En 2014, se cerró el Boulevard de Quilca, un espacio similar a un pequeño campo ferial, que se hallaba a mitad del jirón, donde se concentraban decenas de puestos de libros, principalmente. Por decisión del Arzobispado de Lima, poseedores del terreno el que se asentaba el Boulevard, el espacio fue removido para la posterior creación de una cochera, la cual aún sigue en funcionamiento.

4 comentarios sobre “Polis: un libro panorámico de las Limas del siglo XXI

  1. ¡Que libro tan exótico! Buscaré donde poder hojearlo por lo menos…
    Sobre Quilca, añadir que es una de las vías más antiguas de la ciudad, un camino prehispánico incluso. Al ser ruta de viajeros, porque no imaginar que en otros tiempos también era lugar de trueque o intercambio de productos traídos por peregrinos desde distintas partes del Tahuantinsuyo.

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    1. Gracias, David, por tu comentario. Sí, Quilca es una vía antigua, y sobre todo importante dentro de las rutas prehispánicas que existieron. Añadiremos ese dato.

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  2. Parece que Quilca fue un tramo urbano (ahora) del Capac Ñan,cruce no solo de caminos terrestes sino de brazos hidricos o ‘rios’ limenses. Si por un lado seguia por el actual jn junin saliendo al centro por la via rimense comunicando,Puruchuco,san Juan de Pariache, Huaycan, con un ramal a Mangomarca, Cajamarquilla y el rosario de lugares ruricanchinos y por el otro se dirigia al Piti piti y a la huaca ubicada trans-Rimac frente al frigorifico actual (no mencionada y hasta confundida con otra nunca existente hacia la urb Doig, por Flores en el tomo-V de su saga sobre las haciendas del valle limense) siguiendo el trazo de la actual Zorritos y luego la Argentina o Unión.servia en algun sitio de union de las aguas de ramales del Huatca y del Magdalena,probablemente a la altura de la colonial chacra de la virreina y por una via principal que seguia al norte. En aquellos tiempos Lima era sede de curacazgos ichmas pequeños subordinados al de Pachacamac y no la urbe central del país. Siempre esta via hacia el PiitìPiti fue casi terciaria o muy local y no la principal El camino central del capac ñam era siguiendo la ruta de la actual Tupac Amaru cruzando el chillon por un puente de crisnejas arriba del actual,llamado puente del inca y seguia hacia el norte.Los tambos o lugares de descanso y no tianguiz, estaban situados: en el sur en Rimactambo ( aimarizando el quechua costeño en limatambo.y por el norte a la altura deTrapiche. el otro quedaba a la altura de Piedras gordas. En fin hay mucho que contar de lima y su pasado milenario no como ciudad que eso es una añagaza de marketing personal de alguien

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